Friday, May 01, 2009

Nos habla el Señor Arzobispo José H. Gómez, de San Antonio, Texas:

El don increíble de ser hijos de Dios


Este breve resumen está adptada de esta fuente original: Today's Catholic / Católicos hoy y para siempre. Viernes 24 de abril 2009.

"Al acercarnos al fin del Año Paulino, convocado por el Papa Benedicto XVI, aprovechamos para que este sea un tiempo de reflexión sobre San Pablo, el gran apóstol de Gentes, para que su ejemplo nos ayude a renovarnos en nuestra vida cristiana.

"El Santo Padre, en la hermosa y breve oración que propuso para este Año Paulino, pedía a San Pablo: intercede para que obtengamos una fe profunda, una esperanza firme, un amor ardiente al Señor, para que podamos decir contigo, no soy yo el que vive, sino es Cristo quien vive en mí (Gal. 2:20).

"San Pablo es, sin duda, uno de los santos más completos: Teólogo, escritor, predicador, trabajador incansable, viajero osado, dominador de varios idiomas y tremendamente flexible para adaptarse a las diversas personas y culturas.

"Y como nos explica el Papa Benedicto XVI, el punto de partida de sus enseñanzas es el cambio radical traído por Cristo para la humanidad: la comprensión de que los seres humanos ya no somos servidores o simples creaturas de Dios: somos sus hijos e hijas.

"Debemos detenernos a reflexionar sobre la importancia y la belleza de la palabra Abba.

"El idioma materno de San Pablo era el griego, en que escribió sus cartas.

"Sin embargo, como discípulo del gran rabino Gamaliel, conocía el arameo, la lengua que habló Jesús y sus contemporáneos en Palestina.

"La palabra Abba está en arameo, y se refiere al término padre, pero en una forma más íntima y afectuosa: papá.

"San Pablo pues, nos está diciendo algo que era escandaloso para los judíos y una locura para los griegos: que Jesús nos reveló que somos hijos amados de Dios.

"Dios Padre, el todopoderoso, el creador del universo, aquel a quien Moisés no podía ver ni siquiera en su sombra, no es sólo nuestro padre, es nuestro papá.

"La espiritualidad de la filiación divina nos permite ser hijos e hijas de Dios, y por lo tanto actuamos movidos por el amor, no por el temor.

"En estos últimos meses del Año Paulino, elevemos nuestras oraciones a San Pablo, para que podmaos valorar el don de nuestra filiación divina, y para obtener la gracia de vivir como hijos e hijas de Dios."


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